viernes, 29 de julio de 2016

A vueltas con el género neutro

Hace casi un año que no me animaba a publicar aquí. He estado en otras cosas y, la verdad, escribir no ha sido una de ellas (no aquí, desde luego). Pero la cuestión de la lengua y su relación con la política siempre me trae al ordenador a escribir y a darle algunas vueltas al asunto. Hoy va del género neutro del español, que no existe (o al menos, no como una categoría sistemática).


El español distingue dos géneros, masculino y femenino. Son distintos al género biológico y la asignación de palabras a estos géneros no se corresponde al género biológico (qué género biológico puede tener una piedra, me pregunto yo). 


Surcando los mares de internet uno se encuentra con los artículos, los vídeos y los escritos más curiosos. Uno sale con el barco (el teclado) en las manos y no sabe qué se va a encontrar. Ültimamente está de moda hacer con la lengua lo que hace uno con los pantalones, remendarlos al gusto de cada cuál.

Sucede, sin embargo, que la lengua es obra de toda una comunidad cuyos modos de expresión cambian constantemente mediante procesos muy largos en el tiempo. Uno no coge sencillamente el diccionario, la gramática y la morfología y las cambia a su gusto, haciendo magia filológica para que todo hablante de español, italiano o tagalo lo haga del mismo modo.

Así pues, se pueden encontrar en internet manuales y artículos de todo tipo para hablar con el género neutro, sin usar el “masculino normativo” y otros ingenios del intelecto. Encontré hace poco el siguiente ¿artículo?, ¿texto?, ¿manual? (a elección del lector queda): Género gramatical neutre. Léanlo y vuelvan aquí.

¿Leído? Bien. El estilo es difícil y algunas frases son de sintaxis ofuscada. Vamos a clarificar algunos puntos ciegos del artículo:

- sabemos que una cosa es el género gramatical y otra el género de una persona: como veremos más adelante, no lo parece.

- “ante la diversidad de formas de crear un género gramatical neutro”: no existe tal diversidad de formas. Para empezar, el sistema morfológico y sintáctico del español sólo distingue dos géneros (distintos del biológico): el masculino y el femenino. Cerca de 500 millones de personas hablan así. Si se producen cambios en un nivel tan profundo del sistema lingüístico, será a través de siglos de evolución de la lengua. Un género nuevo en un idioma es un evento remarcable en su historia, como lo es su pérdida (en el camino del latín al castellano, se quedó el género neutro por el camino, del que se pueden rastrear algunos restos en el español actual). Por tanto, los géneros de una lengua no se “crean”, se incorporan y se pierden en un proceso muy, muy largo.


- se ha extendido el uso de la “e”: el CREA (Corpus de Referencia del Español Actual) es tajante en este punto: no existen referencias de uso de este género. Es verdad que la búsqueda ha sido pequeña (soy un parado ocupado y no tengo tiempo de hacer una investigación tan profunda), pero las tres consultas realizadas han dado los siguientes resultados: no existe ningún uso de la palabra “neutre” en español escrito desde 1975 hasta hoy, tampoco de “chiques”, y hay quince casos de la palabra “coses”: ocho de frases en catalán o en referencia al catalán, y siete de la conjugación del verbo “coser”. El uso de la “e” como género neutro a día de hoy no está extendido en ningún sitio. El autor (o autora) del artículo debería clarificar dónde ha encontrado usos del género y documentarlos.


- para diferenciar este género gramatical neutro de los otros géneros gramaticales neutros: ¿qué otros géneros gramaticales neutros? ¿Se estará confundiendo con el (mal) uso de la “x” para marcar un género neutro? ¿Se referirá a otros idiomas que sí tienen neutro (como el alemán)? No lo sé. Quizá se refiera a los restos del género neutro latino que existen en español, que se suelen escribir con el morfema genérico “o”. Palabras que muestran este “género neutro” serían: “algo”, “tanto”, es decir, una clase de palabra que designa nociones abstractas, como dice la Nueva Gramática del Español (consultada a través del blog de la Fundéu).


- Añadiendo una “e” donde irían la “a” y la “o” del género femenino y masculino respectivamente: claro, siendo el dueño de la criatura uno puede hacer con ella lo que quiera. ¿Por qué no una “u”? Parece que el autor (o autora) del artículo no tiene muy clara la terminología. Para ser claros: el “género neutre” se forma como cualquier otro: usando este morfema de género “e” donde corresponda: gato, gata, gate, gatu, gati, o como se quiera enunciar (como aficionado a la creación de lenguas artificiales, sugiero usar un morfema de género con dos consonantes: -sf- podría servir: gato, gata, gatsf). El autor (o autora) se extiende también en los artículos, que se formarían con este morfema de género y que coincide (obviamente) con el sustantivo a que acompaña. Hay un ejemplo sobre esto, dado por el propio artículo, muy curioso: “les transfeministas son muy adorables”. El lector agudo ya se habrá dado cuenta de que “transfeminista” es una palabra femenina, cuyo artículo debería ser “la / las”, no “le / les”. En palabras del autor (o autora), “sabemos que una cosa es el género gramatical y otra el género de una persona”


- mas realmente une se acostumbra muy, muy rápidamente a este género gramatical: aparte de la pedantería que es usar la conjunción “mas” en 2016 (estando el artículo escrito como lo está), esto suena regular nada más. Yo no tengo claro que añadir un tercer género a una lengua sea un proceso rápido al que uno se acostumbra fácilmente: más bien suena chillón e incómodo. Pero dejaremos que esto lo defienda George Orwell: “Neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés. En el año 1984 aún no había nadie que utilizara la neolengua como elemento único de comunicación, ni hablado ni escrito. Los editoriales del Times estaban escritos en neolengua, pero era un tour de force que solamente un especialista podía llevar a cabo”.


- “Este” se deja igual, pues si cambiamos la “a” de “esta”, da lugar a “este”, y coincide con el masculino. Sin embargo, se sabe que es género neutre porque “chico” se ha cambiado por “chique” y “simpático” por “simpátique”: la parte contratante de la primera parte... hubiera sido mejor usar un morfema de género con consonantes (como -sf-, por ejemplo), para evitar estos follones. Esto ya pasa en español: sabemos distinguir a “los socialistas” de “las socialistas” por el morfema de género del artículo... en fin, como se ha explicado ya antes. Los adjetivos demostrativos tienen su morfema de género y por tanto, con añadir este nuevo morfema, debería bastar. Los adjetivos siempre concuerdan con su sustantivo en género y número: esto es producto del simple desconocimiento de la lengua, ni más ni menos. Un conocimiento que se obtiene durante la primaria y la secundaria.


- ¿Cuándo cambio la “a” o la “o” por una “e”? Cuando un nombre y su artículo puedan cambiarse del género masculino al femenino y viceversa: pues eso, cuando una palabra tenga un morfema de género, es decir, en el 90% de los casos (el porcentaje es una figura retórica, por si las moscas). Esto nos deja con la duda de qué hacer con sustantivos epicenos, como “socialista”, “astronauta”, “vástago”, “bebé” o “lince”.


- No se diría “les niñes corren por le calle”, porque “calle” es de género femenino: este caso es particularmente sangrante porque presupone un desconocimiento de la sintaxis más básica. Si mi memoria no me falla, que cada artículo acompaña a un sustantivo y que coincide con él en género y número se aprende en primaria. Es evidente que, aunque un sustantivo en una frase sea de “género neutre”, eso no cambia a los demás. Es evidente. Para hacerlo aún más sangrante, ocurre lo siguiente:

  • Las personas adultas comen zanahorias” - Masculino.
  • Las personas adultas comen zanahorias” - Femenino.
  • Las personas adultas comen zanahorias” - Neutre.
No. “Las personas”, que es a lo que supongo que se refiere el “masculino”, “femenino” y “neutre” del final es un nombre epiceno que se formula con el morfema de género femenino. Este follón terminológico lleva al autor (o autora) a decir que la frase no cambia haciendo referencia a mujeres, hombres o personas “neutres”. En palabras del autor (o autora): “sabemos que una cosa es el género gramatical y otra el género de una persona”. Una vez más, no lo parece.


- “los humanos” puede decirse en femenino (las humanas) y, por lo tanto, en neutre (les humanes): el corte donde se puede y no se puede usar el “género neutre” es donde haya posibilidad de formular el género masculino y el femenino. Donde se use sólo el femenino o sólo el masculino, una vez más, no se clarifica cuál es el proceso a seguir (suponemos que ninguno).


- El truco es ese; cambiar una frase al masculino o femenino y ver qué cambia; lo que cambia puede formarse en género neutre: abracadabra pata de cabra.


- ¿Qué hacemos con las palabras cuyo género neutre coincidiría con el masculino? Dejarlas así y formar el neutre con el artículo: vamos, el artículo coincidiendo en género y número con el sustantivo. Volvemos a la secundaria.


- si la palabra acaba en consonante, como “actor”, se añade una “e” y ya está: uno no quiere ser malo, pero ¿por qué usar la forma masculina para formar el neutro, y no la femenina?


- ¿Qué pronombre se usa con este género gramatical? El pronombre “elle”: “el pronombre elle, qué conveniente que acabe de salir de mi manga”.


Ya sabemos que la política ocupa un espacio fundamental en nuestras vidas. Sin embargo, por más que uno quiera, la realidad no se adapta tan bien a lo que nosotros diseñamos en el papel. En ingeniería un puente se cae sin pilares, aunque yo piense que los pilares puedan ser un símbolo fálico. Puedo diseñarlo de otra forma (o no: no soy ingeniero, y supongo que un puente sin pilares se cae sí o sí), pero mi visión política no va a cambiar la manera de levantar un puente, construir un transbordador espacial o la fórmula química del amoniaco. De la misma manera, los hechos son los que son, la lengua es como la hablamos y por más que uno (o una) quiera levantar una teoría política alrededor de los géneros no binarios, la lengua española hoy en día sólo distingue dos géneros. Si la tendencia lingüística de los hablantes cambia y realmente necesitan en algún momento un tercer o un cuarto género, seguramente la lengua se adaptará a esos cambios, porque la lengua no “refleja” un estado mental, sino que “produce” un discurso. Con toda seguridad será, además, una solución mucho más elegante. Al fin y al cabo, como señala el autor (o autora) del texto comentado, sabemos que una cosa es el género gramatical y otra el género de una persona. Aunque no lo parezca.